1- La variable tiempo: algunas de las medidas que se anuncian son de impacto inmediato, otras no tanto. Lo único por computar es que a partir de ahora quedan siete semanas netas de campaña. Nadie cambia al mundo en siete semanas.
2- No está muerto quien pelea: psicológicamente eso es importante hacia adentro y hacia afuera del gobierno. Aunque genere polémica y suene oportunista, el adiós al barbijo simbólicamente es importante. También la flexibilización de los aforos en actividades.
3- Poner plata en el bolsillo de la gente, ¿ayuda electoralmente? a) es mejor hacerlo que no; b) el fastidio no se resuelve solo con eso, sobre todo tras perder una elección, y c) “yo quiero trabajo y futuro; me das pan para hoy, hambre para mañana”.
4- La primera tarea del gobierno debe ser volver a entusiasmar a los propios que siempre van, pero esta vez se quedaron en la casa. Si no movilizan a ese segmento, tendrán serios problemas el 14 de noviembre. Todo lo demás será bonus track.
5- Escoba nueva barre bien. El punto no es cómo se empieza la semana, sino cómo se la termina. Los votantes hacen balance, pero votan futuro. El problema es que la mayoría es más pesimista que optimista hace varios meses.
6- El rol de Alberto a partir de ahora: por primera vez desde que asumió como presidente dejó de ser el principal vocero. ¿Se bancará correrse un poco para que cobre importancia su nuevo jefe de gabinete? Un misterio, porque este es un experimento nuevo.